REVELACION DE PASCUA

 

En esta ocasión Atrios les ofrece una breve obra teatral sobre el significado de la encarnación y pasión de Jesucristo. Pueden usarla libremente siempre que acrediten su autor y origen. Esperamos les sea de edificación. 

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              Escena única. Telón de fondo en negro. Dos butacas tipo loveseat levemente perpendiculares en proscenio centro, al frente. En fondo centro, colgando del telón habrá un cuadro de la crucifixión facsímile de un pintor clásico, se sugiere El Crucificado de Dürer o el de Zurbarán.

           Durante el desarrollo de la escena la luz estará sobre los personajes y el cuadro no debe distinguirse en la penumbra.

            Personajes: dos adultos jóvenes, amigos de largo tiempo y de gran confianza y respeto entre sí. Uno de ellos, de nombre Luis, es un creyente comprometido, el otro, de nombre Rafael, es el típico “casi cristiano”, con valores cristianos pero sin compromiso de fe.

 

ESCENA UNICA

 

Se abre el telón. Hay dos butacas en el escenario, proscenio centro-frente. Luis se encuentra sentado en la butaca del lado izquierdo ojeando el periódico y tomando café. Entra Rafael.

 

R-(Con aire casual). ¿Qué tal?

 

L-(Mientras le contesta le hace gestos a Rafael para que se siente en la butaca contigua). Bien, bien, ¿qué pasó?, ¿cómo estás?, ¿cómo está tu mamá?

 

R-(Sentándose). Mi mamá…murió hace unos días.

 

L-(Con sorpresa) Pero… ¿cómo?...No me llamaste, no sabía...

 

R-(Lo interrumpe). No quise llamarte. Ya era tarde. Además, no estaba pensando bien…tu sabes… tanta cosa…es difícil. Pero todo acabó. No sé. (Pausa). Bueno, hombre, el cáncer le volvió a aparecer (Pausa). (Pensativo). Y eso que ya hasta habíamos celebrado que se iba a poner mejor y que todo estaría bien. (Pausa y sigue hablando mientras la angustia, la frustración y el coraje lo va dominando). De verdad que en estos casos lo mejor es no esperar nada. No tener esperanza. Así uno se preparaba mejor para esto. ¡Pero no! Siempre uno tiene que tener una estúpida esperanza, siempre viene alguien con su idiotez de aliento y positivismo, con su baba de oracioncitas religiosas y su coca espiritual… (como hablando para sí mismo) y uno se traga toda esa piltrafa…comienza a sentirse mejor, a creer, a pensar que algo ocurrirá, y cuando uno ya está tranquilito, confiado en esa pamplina, viene la puñalada por la espalda, por donde mas duele, para que aprendas a no ser un hediondo imbécil.

 

L-(Escogiendo sus palabras). No sé qué decirte…sólo puedo imaginarme cómo te sientes. (Pausa). Realmente lo siento mucho, yo tampoco esperaba esto… (Temeroso de la reacción que provoquen sus próximas palabras). Pero yo creo que Dios tiene un propósito. Tu mamá era una mujer comprometida con la fe. Creo que debe estar mejor que nosotros, con el Señor….

 

R-(Rebelde) ¡No vengas con eso! No me vengas con religión y rosarios…y aceites…tanta oración y tanta cosa y ya sabes que pasó.

 

L-(Turbado por su impotencia ante el dolor y sinceridad de Rafael). Bueno, Rafa, a veces no entendemos…

 

R-Ustedes nunca entienden nada, ¿ah? La religión todo lo resuelve con misterios y fe…y claro, con un montón de ofrendas, ¡muchas ofrendas! L-(En voz baja). Tú sabes que eso no es así.

 

R--(Otra vez rebelde) ¡No, claro, Luis! Yo tampoco sé nada, seguramente es que yo también tengo un misterio glorioso en el cerebro, ¿ah? L-(Irénico). No te pongas así, el Señor…

 

R-(Lo interrumpe). ¡Ningún Señor! No me hables del Dios tuyo ese ahora. He oído tanta bazofia religiosa estos días que casi soy teólogo…

 

L-(En voz baja) Pero Rafa…

 

R-(Lo interrumpe). ¡Ya! No sigas…No me vengas con enajenaciones religiosas. ¿Qué sabe el Dios ese tuyo de esto? Es más, mira. (Hablando con pasión y elocuencia). ¿Qué sabe el Dios ese tuyo de esta vida? ¿Qué sabe él de estar en un condenado cuerpo sujeto a enfermedades, sufrimientos, pasiones y dolor? ¿Qué sabe de las necesidades que todos pasamos? ¿Del hambre, la sed, la frustración, la lucha de vivir entre tanto hipócrita y lisonjero? Dime, ¿qué sabe ese Dios de ver cómo se enferman sus seres queridos y de verlos morir? ¿Sabe Dios lo que es sentir el dolor de llegar tarde a visitar a un amigo moribundo? ¿Sabe él lo que es no tener dónde vivir, qué comer o a dónde acostarse? ¿Acaso conoce la traición y la avaricia? ¿Ha sufrido la mentira y la difamación? ¿Qué sabe ese Dios tuyo allá en las nubes de la ansiedad sin límites que uno puede sentir por no poder hacer nada para cambiar lo que va a ocurrir? Un estrés que te hace sudar frío y te quita el sueño. ¿Qué sabe del abuso y del maltrato? ¿Ha sido víctima de la corrupción del gobierno, del sistema de justicia y de la política? ¿Ha experimentado la hipocresía de la religión? Es más, ¿qué sabe ese Dios tuyo de la muerte? ¡Debería saber lo que es morir!…

 

L-(Alarmado). Rafa… Rafael mira fijamente a Luis, con el dolor y la rebeldía del que no puede controlar la tragedia que lo rodea. A su vez Luis lo mira con compasión y sorpresa.

 

R- (Reaccionando a Luis). ¡¿Qué?!

 

Ambos se miran fijamente, de momento Rafael parece comprender la mirada de Luis y se sorprende ante la revelación que en ese instante fugaz se despunta en su corazón. Es algo que siempre estuvo ahí pero que no podía ver. Lo ilumina la comprensión.

 

Entonces, en la realización de ese momento de luz, Rafael baja su rostro con humildad. De momento vuelve su mirada a Luis pero ya sin contienda. Entonces, simultáneamente ambos comienzan a dirigir su mirada hacia la oscuridad del proscenio-centro-fondo, donde, mientras la luz que posa sobre nuestros personajes se va oscureciendo, gradualmente se va iluminando el cuadro de El Crucificado.

 Cierra telón

 

 

 

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