EL PRIMER AMOR, ¿META O REMEDIO?

 

“Hace maravillas en la gente”, canta Gloria Estefan del son montuno. Son muchos los que cantan lo mismo sobre “volver al primer amor” (Apocalipsis 2:4). Para cada problema y dificultad en la iglesia no falta quien recete “volver al primer amor”. ¿Hay divisiones en la congregación? Hay que volver al primer amor. ¿Las predicaciones tienen el efecto de una sobredosis de Xanax? Hay que volver al primer amor. ¿El grupo musical de la iglesia no distingue un canto gregoriano de un concierto metal? Hay que volver al primer amor.

 

La reiterada insistencia en “volver al primer amor” lo ha convertido en una meta dentro de nuestras comunidades de fe. Los creyentes hablan de vivir siempre en el primer amor o de volver  continuamente al primer amor.

 

Parte del encanto de esta retórica tal vez se deba al semblante romántico de la susodicha frase. “El primer amor” evoca el primer amor de nuestras vidas, a la canción Puppy Love de Dony Osmond y a una época de emociones puras e intensas. Sin embargo, aunque no tenemos manera de conocer que connotación tenía esa frase cuando se compuso el libro de Apocalipsis, es dudoso que siendo las relaciones de pareja como eran en la antigüedad la frase sonara romántica como hoy nos resuena.  

 

Pero más importante si acaso es notar que la frase “volver al primer amor” no se encuentra en el texto bíblico. Si bien el texto dice que la iglesia había dejado su primer amor en ningún lugar le exhorta a “volver al primer amor”, sino que más bien le exhorta a arrepentirse y a “hacer las primeras obras”. Los lectores de la versión Reina Valera deben advertir que el v. 3 del texto griego no contiene la palabra “amor”, (de la frase “por amor a mi nombre”), sino que dice simplemente “por causa o razón de mi nombre” (διὰ τὸ ὄνομά μου).  En este caso el traductor uso la forma expresiva castellana “por amor” por razones estilísticas, se oye más elegante. Pero debe quedar claro que Apocalipsis 2:1-7 no atribuye amor a la iglesia de Éfeso.

 

Con todo, el significado preciso de la reprensión a Éfeso no lo sabemos, porque no se nos especifica. No sabemos en qué manera Éfeso abandonó su amor del principio o qué obras omitió y debe rehacer. Pero eso no nos impide tratar de descubrirlo.

 

En primer lugar, el hecho de que la exhortación por dejar el primer amor sea volver a las primeras obras sugiere fuertemente que “primer amor” es o se encuentra relacionado con “hacer las primeras obras”. Ya entonces no se trata de un sentimiento platónico sino de una emoción que conlleva una conducta. Ello evoca la famosa frase de Santiago, “la fe, si no tiene obras, está completamente muerta” (Santiago 2:17) en conjunto con Gálatas 5:6: “porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor”. La tripleta amor-fe-obras es un ingrediente esencial de la vida cristiana y al parecer la receta de Éfeso estaba incompleta.

 

En segundo lugar, la falta de Éfeso no está relacionada directamente con la calidad de su amor, como si el amor subsiguiente al inicial fuera inferior al del comienzo. El pasaje de lo que habla es de “tu amor el primero” (en griego, τὴν ἀγάπην σου τὴν πρώτην), o bien, “tu amor del comienzo”. Es una expresión temporal, no romántica. De hecho, muchos autores relacionan la frase “amor del principio” de la reprensión a Éfeso con lo que Dios le dice a Judá en Jeremías 2:2-3:

 

Anda y proclama a los oídos de Jerusalén,
diciendo que así dice Jehová:
“Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud,
del amor de tu desposorio,
cuando andabas en pos de mí en el desierto,
en tierra no sembrada.”
Santo era Israel a Jehová,
primicias de sus nuevos frutos.
Todos los que lo devoraban eran culpables;
mal venía sobre ellos,
dice Jehová.

 

En este pasaje del profeta Jeremías se alude a la relación que tuvo Israel con Yahvé en el desierto. Suponemos que se refiere particularmente a la relación que tuvo el Señor con la generación que sobrevivió a la divagación por el desierto entre Cades Barnea y la llanura de Moab. En general esa fue una generación bien dispuesta a seguir a Yahvé (Josué 1:6-18; 24:16-21) y fue la generación que entró a Canaán. Pero las generaciones subsiguientes abandonaron al Señor (Jueces 2:10-13). Esa es la experiencia que rememora el profeta.

 

Si leemos el mensaje a la iglesia de Éfeso con la óptica del texto anterior de Jeremías, podemos pensar que Éfeso dejo de vivir un cristianismo autentico. Parecería que en lo formal (teología) seguían reteniendo la verdad, pero en sus vidas (praxis) no se encontraba el fuego vital de Dios.  Un buen número de comentaristas llaman la atención a esto, sin embargo hay que resaltar que el texto no sostiene la dicotomía teología-praxis que algunos creen ver en el pasaje del mensaje a Éfeso en el Apocalipsis. El texto bíblico es diáfanamente claro al ser explícito en que la conducta de la iglesia de Éfeso en asuntos de doctrina era digna de alabanza (Apocalipsis 2:2) al igual que su trabajo y sufrimiento por la fe (Apocalipsis 2:3) y esto último es sin duda una forma de praxis. El texto bíblico solamente indica que Éfeso había abandonado una forma particular de praxis. De acuerdo a lo discutido hasta ahora, probablemente los creyentes en Éfeso estaban perdiendo de vista la dimensión relacional de la vida cristiana; la unión vital en amor entre el redimido y el Salvador con sus consecuentes frutos, “el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tesalonicenses 2:10)

 

Otro texto bíblico que arroja luz sobre Apocalipsis 2:4 lo encontramos en Jeremías 6:16. El profeta Jeremías denuncia que los habitantes de Judá y de Jerusalén que han despreciado al Señor y son rebeldes, rechazando expresamente aceptar la corrección. Jeremías 6:6-17. Por esa razón, Judá e Israel serán derrotados y destruidos por otro pueblo. Jeremías 6:18- 26. En medio de estas profecías el Señor le dice a su pueblo la forma de evitar el juicio que vendrá sobre ellos. Dice la Escritura:

 

Así dijo Jehová:
«Paraos en los caminos, mirad
y preguntad por las sendas antiguas,
cuál sea el buen camino.
Andad por él y hallaréis descanso para vuestra alma.»

 

Como puede verse, la solución, el remedio que ofrece el Señor a su apostasía consiste en informarse sobre cuál fue el camino que abandonaron (el buen camino) y volver a él. Esa es la medicina para el pueblo apóstata. De igual manera, Apocalipsis 2:4 no es una guía para la vida cristiana ordinaria. Es un remedio para el pecado. Es la manera de rectificar el haber abandonado el amor y obras del comienzo de la vida de fe. No es una meta o una característica de la vida cristiana. La vida cristiano no consiste en estar atascados en el amor y obras del comienzo, congelados en la niñez de fe, necesitando de alimento infantil y sin tener los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. 1 Corintios 3:1-3; Hebreos 5:13-14. Muy por el contrario, las Escrituras pintan la vida cristiana como una vida de crecimiento continuo hacia mayor madurez, santidad y gloria. 2 Corintios 4:17; 2 Pedro 1: 3-7. Como dice Pablo: “El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor”. 2 Corintios 3:17-18.

 

 

Por otra parte, es necesario enfatizar enérgicamente que el crecimiento cristiano incluye “crecer y abundar en amor” (2 Tesalonicenses 3:12), no estancarse en el amor del comienzo. Además, el Nuevo Testamento ensena que la santidad y madurez verdaderamente cristianas solamente son posibles a través del amor. El Señor desea que “siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”. Efesios 4:15-16. El amor es el hábitat donde es posible el verdadero crecimiento cristiano. El amor de Dios debe permear toda la vida, “todas vuestras cosas sean hechas con amor” dice la Escritura en 1 Corintios 16:14.

 

“Volver al primer amor”, “hacer las primeras obras”, es el llamado al hermano caído; a quien ha tropezado y se ha quedado en el suelo. Es un remedio.

 

¿Quién desea volver a ser inmaduro? ¿A confundir las emociones con la fe? ¿A depender de las circunstancias? ¿A ser un niño en la verdad de Dios? O, peor, ¿Quién desea quedarse en ese estado permanentemente? Ningún creyente normal. Quien no crece o quien no desea crecer en el Señor, escribe el apóstol Pedro “es muy corto de vista; está ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados” (2 Pedro 1:9). 

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