El papa, el calentamiento global y los evangélicos

 La última encíclica papal del papa Francisco, denominada encíclica Laudato Si’ (“Alabado seas”) ha estado causando controversia desde antes de su publicación oficial el jueves 18 de junio de 2015. En esta declaración el papa condena el consumismo, el desarrollo irresponsable y exhorta a combatir el problema del calentamiento global. Pero es este último asunto es que tiene más espinas.

 

Hablar del calentamiento global es como disputar la validez del Día de las Madres. Es tema de opiniones encontradas y fuertes emociones. Como cuestión de realidad, el calentamiento global ha llegado hasta a convertirse en banderín político partidista a través de los países democráticos. Por eso no es de extrañar que la encíclica donde el principal obispo de la Iglesia Católica toma partido con los creyentes del calentamiento global y da por sentada su existencia se convierta en pólvora noticiosa. Sobre todo, cuando es admitido que en ese tema los católicos mismos tienen opiniones diferentes. Sobre este aspecto, una encuesta realizada en Estados Unidos cerca del momento en que se publicó la encíclica muestra que “el cambio climático es un asunto altamente politizado que divide profundamente a los católicos norteamericanos, así como divide al público estadounidense como una totalidad, principalmente siguiendo líneas político partidistas”. Vea aquí.

 

Pero más allá de la controversia específica sobre la existencia o no del calentamiento global como algo negativo y de sus causas y remedios, es de notar que la encíclica contiene como base una teología de la mayordomía de la creación con la cual muchos, aunque no todos, los evangélicos pueden  identificarse.

 

De acuerdo a las Escrituras, en Génesis 1:28 Dios ordenó al ser humano: “llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. RV95. Quienes desconocen la doctrina cristiana acusan al cristianismo de enseñar que el ser humano es señor de la creación y que por ello puede hacer con ella como le plazca y hasta destruirla por gusto. Eso es falso, aunque en honor a la verdad no faltan quienes llamándose cristianos dicen lo mismo.

 

Pero el mandato de someter la tierra y ejercer potestad sobre ella debe leerse en el contexto si de verdad se quiere buscar su significado. En esta búsqueda lo primero que notamos es que la primera “tierra” que recibió el ser humano y donde por primera vez ejerció su facultad de someterla según reza el texto bíblico fue en Edén. De acuerdo a las Escrituras, Dios puso en Edén al ser humano  “para que lo labrara y lo guardase”. Génesis 2:15. El mismo Dios que le faculta a someter la tierra le dirige a que la cuidase y labrara. Por lo tanto, es razonable suponer que el sentido de las palabras “someter”, “potestad”, “guardar” corresponden a un mismo campo semántico o por lo menos no son excluyentes entre sí y a su vez son congruentes con “labrar.”

 

La palabra “guardase” en este pasaje corresponde al hebreoשָׁמַר  (shamar), que puede traducirse cuidar o preservar. Siguiendo esta línea, hay una tradición judía que identifica a Adán como un shomer, en el sentido de ser un fiduciario o administrador; alguien que cuida la propiedad de otro. De ello se deduce que ciertamente el Adán del huerto del Edén no era el señor con poder de hacer lo que quisiera, hasta de destruir el huerto. No podía hacer esto último porque no se le dio para eso.

 

De vuelta a Génesis 1:28, la palabra que se traduce “someter” en hebreo es כָּבַשׁ  (kabash), que significa poner bajo control, someter. “Potestad” es רָדָה  (radaj), que se traduce gobernar, reinar. Por otro lado, “someter y ejercer potestad” no parecen ser dos actividades diferentes sino dos palabras para decir lo mismo: gobernar. Todo esto lo que significa es esto: el “llenad la tierra y sometedla” y “ejerced potestad” son expresiones de un mandato único de administrar la tierra y cuidarla dirigido al ser humano como un fiduciario.

 

En fin, Dios nos ordena a gobernar su buena creación como buenos mayordomos, porque viene un día cuando habremos de dar cuenta de nuestra mayordomía. Laudato Si’ presenta una teología de la creación que es coherente con la teología de mayordomía de la tierra entre los evangélicos. Una teología que realmente es la teología cristiana de la mayordomía de la naturaleza.

 

Dada esta doctrina cabe preguntarse cuál debe ser la postura cristiana frente a las alegaciones de que realmente existe un problema de calentamiento global y que ese problema es causado por nosotros sus habitantes.

 

En nuestra opinión, en este momento debemos descartar todo tipo de certeza. Ambos extremos en el debate invocan la ciencia a su favor y acusan a la otra de deshonestidad científica. Hasta llegan a utilizar argumentos realmente extraños cuando lo que se debate es la objetividad del problema, como el de invocar encuestas de opinión realizadas entre científicos.

 

Inclusive, es posible que las dos partes tengan razón. Si no puede lograrse certeza por la información que tenemos es natural que unos y otros se identifiquen con posiciones apoyadas por partes de la información. En todo caso, la verdad es que el fango político que se ha arrojado al ambiente con este tema turba la objetividad que debe esperarse sobre algo tan serio.

 

Por lo dicho, tal vez sea de más ayuda si reformulamos la pregunta de esta manera: ¿Cuál debe ser la posición cristiana, consistente con una teología de mayordomía de la creación, ante unas alegaciones de un problema de calentamiento global que podrían o no ser verdaderas total o parcialmente?

 

Entendemos que ser precavidos es la respuesta. Y ser precavidos significa hacer algo más que hacer nada. Mateo 25:13.

 

 

 

 

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