El lenguaje que habló Jesús

Todos conocen la anécdota. Ocurrió en mayo del 2014. “Jesús estuvo aquí, en esta tierra. El habló hebreo”, le dijo el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, al papa Francisco. “Arameo”, corrigió el papa. “El habló arameo, pero conocía el hebreo” contestó el Ministro.

 

El intercambio entre Netanyahu y Francisco parece ser cosa de un juego de trivialidades, pero para los cristianos saber qué lengua habló Jesús tiene consecuencias importantes. Primero, si la lengua cotidiana de Jesús fue el arameo, como supone la mayoría de los estudiosos, nuestros evangelios, escritos en griego, son traducciones de lo que Jesús predicó y enseñó. Eso explica en parte las diferencias entre las expresiones del Señor sobre el mismo asunto en los evangelios. En segundo lugar, ese dato echa al cesto la posibilidad de que los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) hayan sido escritos con total independencia unos de otros. La razón es que es muy improbable que tres escritores y traductores independientes, concurrieran en las similaridades de organización y selección de palabras en los pasajes paralelos como los encontramos en los evangelios sinópticos. Estas similaridades son las que dan paso al estudio de las relaciones literarias entre los evangelios, el llamado “problema sinóptico”.

 

Pero debemos poner las cosas en contexto.

 

El mundo en el que vivió Jesús, la Palestina del siglo I, poseía una significativa diversidad cultural. La lengua común del cercano medio oriente desde antes de la cautividad babilónica del pueblo de Israel fue el arameo, como hoy día lo es la lengua inglesa. 1 Reyes 18:26. Durante su estadía en  el cautiverio babilónico Israel abandonó el uso del hebreo como lengua ordinaria, reservándola gradualmente para asuntos religiosos, y adoptó el arameo como lengua popular. Debemos notar, sin embargo, que tanto al hebreo clásico como al arameo se les denominaba “lengua hebrea” por razón de pertenecer a ese pueblo.

 

Cuando Alejandro Magno conquistó Palestina (c.-329), ya el arameo era su lengua común. Pero Alejandro llevó la lengua griega a esos territorios, estableció colonias de habla griega en medio de pueblos de habla aramea y eventualmente el griego sustituyó al arameo como lengua internacional del cercano medio oriente occidental, incluyendo Palestina. Vinieron entonces los romanos. En el año 63 antes de Cristo el general romano Pompeyo tomó la ciudad de Jerusalén y el control de Judea luego de obtener el control de Siria. El lenguaje de los romanos era el latín.

Por tanto, en tiempos de Cristo encontramos coexistiendo en Palestina lugares y personas de habla aramea, griega y latina como lo atestigua el letrero que Pilatos ordenó poner en la cruz. Lucas 23:38 (“Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: “Éste es el Rey de los judíos”); Juan 19: 20 (“y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín”).

 

Por otra parte, el hebreo clásico se preservó entre la clase educada y con referencia al estudio de la Tanak.

 

La pregunta entonces es: cuál de esos idiomas fue el lenguaje primario de Jesús. Es a esa pregunta que la mayoría de los estudiosos responde diciendo que fue el arameo, por las siguientes razones: (1) cuando en los evangelios se citan las mismísimas palabras que Jesús pronunció, siempre se citan en lengua aramea. abba (Marcos 14:36); effatha (Marcos 7: 34); mamonas (Mateo 6:24, Lucas 16:9, 11, 13); raca (Mateo 5:22); rabbouni (Juan 20:16), entre otras y, sobre todo, “Eli, Eli, lema sabajthani” en Mateo 27:46 y Marcos 15:34; (2) Flavio Josefo, un escritor judío que vivió durante el siglo I distingue en sus obras escritas entre el idioma que hablaba el común de los judíos en Palestina (incluyéndose él mismo) y las lenguas griega y hebrea. De ello se deduce que la lengua ordinaria del común del pueblo era el arameo (Vea, Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos, XX: XI aquí  y Guerra de los Judíos, en el primer párrafo del prefacio, aquí ); (3) las paráfrasis de las Escrituras diseñadas para el público en general en o alrededor del siglo I y conocidas como targumim son primordialmente en lengua aramea; (4) otros hallazgos arqueológicos también apuntan al uso generalizado del arameo en la palestina del siglo I, como por ejemplo, algunos escritos y cartas encontrados en las cuevas de Qumrán y osarios descubiertos en Judea tienen sus inscripciones en arameo.

 

Pero decir que la lengua primaria de Jesús fue el arameo no significa que el arameo fuera la única lengua que el Señor conocía y hablaba.

 

En Lucas 4: 16-20 se nos cuenta que Jesús leyó el libro del profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret. Podemos tener casi certeza que lo leyó en hebreo y después comentó su contenido a los congregados como indica el pasaje. Esto evidencia familiaridad con el hebreo clásico.

 

Por otra parte, en Mateo 27:11-14 y Juan 18:33-38 se narra el intercambio que Jesús tuvo con Pilatos. Si ese diálogo no estuvo mediado por traductores, entonces con toda probabilidad el Señor habló con Pilatos en griego, que como ya mencionáramos era la lengua internacional en esa región del imperio romano. También pudieron ser en griego las conversaciones con la mujer cananea (Mateo 15:22-28) y con el centurión (Mateo 8:5-13). De hecho Jesús predicó en  áreas donde probablemente el griego era la lengua común, como en la región de Tiro y Sidón, y en Decápolis, donde quedaba Gadara. Mateo 4:25; Marcos 5:20; Marcos 7:31. Por otro lado, a poca distancia (6 kilómetros) de Nazaret se encontraba la ciudad de Séforis, comunidad fuertemente influenciada por la cultura grecorromana, donde a base de las excavaciones realizadas hasta ahora, se supone que dominaba el griego como lengua común. (Puede ver: Mark Chancey y Eric M. Meyers, How Jewish Was Sepphoris in Jesus’ Time? aquí ). Dada la cercanía de esta ciudad de Nazaret y su mayor comercio, es razonable suponer, y hasta esperar, que Jesús tuviera contacto con dicha comunidad durante su vida y aprendiera su idioma. Stanley Porter, “Jesus and the use of Greek”, Bulletin for Biblical Research 10:1 (2000), 71-86, aquí.

 

A la verdad, de lo único que no tenemos indicios es de si Jesús hablaba latín. A menos que supongamos que fue en esa lengua que habló con Pilatos, quien era natural de Italia. Pero en su contexto histórico esto parecería una excepción puesto que la lengua administrativa del lado oriental del imperio era primordialmente el griego.

 

Sobre este tema no se puede ser dogmático pues las conclusiones que tenemos se basan en la prueba a la que tenemos acceso hoy día. Nuevos hallazgos arqueológicos podrían cambiar estas conclusiones o podrían confirmarlas de forma definitiva. Vea: Aaron Tresham, “The Languages Spoken by Jesus”. The Masters Seminary Journal  20:1 (Primavera 2009), 71-94, aquí. Pero, en este momento, a fin de cuentas, es razonable suponer que Jesús fuera multilingüe. Su época lo hace posible y su ministerio lo hace probable.

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