La autoridad teológica de las experiencias

11-Apr-2015

 

En general, los libros cristianos sobre testimonios son edificantes. Nada malo hay en leerlos pues la propia Escritura nos exhorta a pensar “en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama... en toda clase de virtudes, en todo lo que merece alabanza”. Filipenses 4:8

 

(DHH). Personalmente puedo dar fe de su beneficio. Cuando apenas comenzaba en la fe, leí el libro Contrabandista de Dios (1971, originalmente God’s Smuggler, 1967) del Hermano Andrés (Andrew van der Bijl). Su testimonio sobre la oración y sobre la forma en que él la practicaba tuvo un impacto en mi vida que todavía continúa. Por eso, fue mucho el agradecimiento que sentí cuando pude estrecharle la mano muchos años después.

 

Hay testimonios que ya se pueden llamar clásicos en la comunidad evangélica. Podemos mencionar a Corre Nicky Corre (Run, Baby, Run, 1968) de Nicky Cruz, y a Entre la cruz y el puñal (The Cross and the Switchblade , 1963) de David Wilkerson. Los testimonios de estas personas y de muchos otros que han compartido sus experiencias por escrito han traído fe, consuelo y ánimo a muchos de nosotros.  Debemos estar agradecidos por ello al Señor.

 

Pero debemos tener presente que esos testimonios, esas narraciones sobre experiencias personales, no son Palabra de Dios. Por esa razón, sería totalmente imprudente de mi parte enseñar la forma de orar de Contrabandista de Dios como la forma correcta en que un creyente cristiano debe orarle al Señor. Si quiero saber de verdad la forma correcta de orar, debo ir a averiguarlo a la Biblia. Es la Escrituras la que fue “inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien”. 2 Timoteo 3:16-17.

 

Por si alguno tiene dudas, en 2 Pedro 1: 16-21, se explica la relación entre la palabra escrita de Dios (Las Escrituras) y la experiencia religiosa personal auténtica. Pedro dice que él tuvo una experiencia de primera mano sobre la venida del Señor y su reino. Ese testimonio lo encontramos en los tres evangelios sinópticos, en el episodio de la transfiguración. Mateo 16:28-17:1-9; Marcos 9:1-8; Lucas 9:27-36. Por eso, dice Pedro, que su testimonio no se basaba en cuentos o especulaciones sino en una experiencia real. Pero después decir eso, el apóstol indica, que con todo y su testimonio de primera mano, la base más firme o segura para creer en la venida del Señor y su reino no es su testimonio personal sino la palabra escrita de Dios, la Biblia. En otras palabras, Pedro explica que el testimonio de las Escrituras tiene inmensamente más valor que el testimonio de su experiencia personal. Fíjense que eso es lo mismo que pasa en la historia del rico y Lázaro. Observen el diálogo entre el rico y Abraham:

 

El rico dijo: “Te suplico entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, donde tengo cinco hermanos, para que les llame la atención, y así no vengan ellos también a este lugar de tormento.” Abraham dijo: “Ellos ya tienen lo escrito por Moisés y los profetas: ¡que les hagan caso!” El rico contestó: “Padre Abraham, eso no basta; pero si un muerto resucita y se les aparece, ellos se convertirán.” Pero Abraham le dijo: “Si no quieren hacer caso a Moisés y a los profetas, tampoco creerán aunque algún muerto resucite.”»

 

La historia del rico y Lázaro demuestra que el testimonio de las Escrituras se encuentra por encima del testimonio humano,  y más que eso, nos revela que Dios mismo espera que prestemos obediencia a la Escritura por sobre todo. La gran diferencia es que quienes brindan sus testimonios y experiencias lo hace “por iniciativa humana” y no “dirigidos por el Espíritu Santo”. 2 Pedro 1:20-21 (DHH).

 

Ahora bien, de acuerdo a una noticia reciente, parece que en las iglesias y comunidades cristianas muchos le prestan más atención a las experiencias de otros que a la sana doctrina. En junio de 2014, la Convención Bautista del Sur aprobó una Resolución titulada “Sobre la suficiencia de las Escrituras lo que respecta a la vida futura”. Dicha Resolución reza como sigue:

 

POR CUANTO: Se han publicado numerosos libros y películas que pretenden explicar o describir la experiencia de la vida después de la muerte; y POR CUANTO: Estos libros y películas han tenido un impacto considerable como puede apreciarse por estar incluidos en las listas de libros más vendidos y por la alta venta de taquillas de las películas; y POR CUANTO: Muchos de estos libros y películas han tratado de describir el cielo a base de fuentes subjetivas y experienciales, principalmente a base de testimonios personales que no pueden ser corroborados; y POR CUANTO: Muchos de éstos no son coherentes y contienen detalles que contradicen la Escritura; y POR CUANTO: Muchas personas devotas y bien intencionados permiten que esos testimonios se conviertan en la fuente y base para el entendimiento de la vida después de la muerte y no de la verdad bíblica; y POR CUANTO: Aunque las Escrituras incluyen testimonios explícitos de personas que murieron y volvieron a la vida, como la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Nain, y Lázaro, en la sabiduría de la revelación perfecta de Dios, Él no nos ha dado ningún informe de sus experiencia individuales en el más allá (Deuteronomio 29:29; Marcos 5: 21-43; Lucas 7: 11-17; Juan 11: 35-44); y POR CUANTO: El apóstol Pablo escribió acerca de "un hombre en Cristo", quien fue arrebatado “hasta el tercer cielo", donde "oyó palabras inefables" que "que no le es dado al hombre expresar" (2 Corintios 12: 1-4); y POR CUANTO: Las doctrinas de la vida después de la muerte  son fundamentales para una comprensión completa de la salvación y el arrepentimiento (Lucas 16: 29-31; Juan 3: 16-18); Ahora, por lo tanto, se RESUELVE: que los delegados a la Convención Bautista del Sur, reunida en Baltimore, Maryland, del 10 al 11 junio 2014, reafirman la suficiencia de la revelación bíblica por sobre las explicaciones subjetivas y experienciales para guiarnos en el entendimiento de la verdad acerca del cielo y el infierno. (Puede leer el original en inglés aquí ).

 

 

Los libros a los que se refiere la Resolución son, entre otros: Don Piper, 90 Minutes in Heaven [90 Minutos en el cielo] (Grand Rapids: Revell, 2004); Bill Wiese, 23 Minutes in Hell [23 Minutos en el infierno] (Lake Mary, Fl: Charisma House, 2006); Todd Burpo, Heaven is for Real: A Little Boy's Astounding Story of His Trip to Heaven and Back [El cielo es verdadero: la extraordinaria historia del viaje al celo y de regreso de un niño pequeño] (Nasville: Nelson, 2010); Kevin y Alex Malarkey, The Boy Who Came Back from Heaven [El niño que volvió del cielo] (Carol Stream, Ill.: Tyndale, 2014). Los autores de estos libros testifican que en ciertas circunstancias murieron, fueron al cielo (o al infierno) y volvieron a su vida terrenal recordando en detalle su aventura del más allá. Un autor de nombre Tim Challies se ha referido a estos libros como libros de “turismo celestial”. Vea aquí . Estos libros tienen mucha demanda, de hecho, según la circular de noticias por Internet Gleanings, de la revista Christianity Today del 25 de marzo de 2015, el hecho de que el autor de The Boy Who Came Back from Heaven haya confesado en enero de 2015 que su testimonio era falso no ha tenido ningún efecto negativo en las ventas de los otros libros de turismo celestial. (Puede leer la información por este enlace). De todas maneras, como consecuencia de la Resolución de la Convención Bautista LifeWay Christian Resources, uno de los mayores distribuidores de recursos y literatura cristiana del mundo, y entidad afiliada a la Convención, decidió no distribuir más ese tipo de libros.

 

En nuestra opinión, la preocupación de la Convención Bautista del Sur no es exagerada. Los libros de turismo celestial contienen elementos heterodoxos (por no decir inverosímiles y heréticos) y pese a ello, hay creyentes que los usan como si fueran parte de sus biblias. En la práctica, esta cultura de reconocerle autoridad a los libros de testimonios personales sobre asuntos de fe y doctrina cristiana, ya sean asuntos de la vida después de la muerte o del fin de los tiempos o de cualquier otra materia objeto de la revelación bíblica, es una puerta abierta a un cristianismo anárquico, individualista e indefinido. Es un rechazo a la revelación, a la autoridad de las Escrituras y a la mediación de la iglesia.  

 

La experiencia personal, por más verdadera y real que sea o se experimente, nunca puede constituir “revelación pública” o normativa para la iglesia. No puede usarse para establecer asuntos de doctrina u orden en la iglesia ni sirve como guía al pueblo de Dios. Solamente las Escrituras, “la ley y el testimonio” como les llama el profeta Isaías, sirven esos propósitos. 2 Timoteo 3:16-17. Según esta escrito en Isaías 8:20:

 

¡A la ley y al testimonio!
Si no dicen conforme a esto,
es porque no les ha amanecido.

 

FG

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